14Jun
Encendido: 14 junio, 2023 In: Noticias

Published on 14/06/23 – Noticia extraida de Inedit

Hoy 9 de cada 10 adolescentes que cursan un año en el extranjero lo hacen para mejorar su inglés.

Unos 15 000 estudiantes españoles de ESO y Bachillerato salen cada año al extranjero a estudiar.

La movilidad internacional por motivos académicos es una experiencia educativa que tradicionalmente asociamos con la etapa universitaria, sin embargo, en la actualidad son muchas las familias españolas que optan por enviar a sus hijos al extranjero ya desde la adolescencia. La necesidad de prepararles lo mejor posible para un mundo cada vez más exigente, en que el dominio de al menos una lengua extranjera ya no constituye un valor añadido sino un requisito casi imprescindible para acceder al mercado laboral, lleva a las familias y a los estudiantes a apostar desde la secundaria por esta opción. Cursar un semestre o un año educativo entero en el extranjero ayuda al alumno a afianzar y perfeccionar sus conocimientos del idioma del país de destino, y a adquirir aptitudes para la vida que educan en la autonomía y la responsabilidad.

Asimismo, la inmersión en una cultura diferente y el conocimiento de otros métodos educativos son algunos de los beneficios que se asocian a esta experiencia académica internacional.

Pregunta: ¿Cómo está el panorama de la movilidad de estudiantes de ESO y Bachillerato en la actualidad? ¿De qué cifras hablamos?

Respuesta: Cada año unos 15 000 alumnos de España se van a cursar un año académico fuera, generalmente son de 4.º de ESO y 1.º de Bachillerato. El 95 % de los estudiantes prefieren cursar dicho año escolar en países de habla inglesa, aunque últimamente también está creciendo ligeramente el número de estudiantes que se van a Alemania o Francia, pero sobre todo lo que busca la gente es mejorar su inglés; el 59 % van a Estados Unidos, el 20 % a Irlanda, el 15 % a Canadá, y tan solo el 6 % a Gran Bretaña.

En España cada año 15 000 estudiantes menores de edad salen a cursar un año académico en el extranjero

P.: ¿La situación pre-COVID y pos-COVID es similar, o la pandemia ha cambiado algo?
R.: En términos estadísticos, el año pasado fue una locura, las cifras sobrepasaron a las de 2019, pero este año ya se ha normalizado, volviendo a las cifras iniciales de antes de la pandemia. Lo que pasó en 2021 es que la gente venía de un encierro largo con restricciones que limitaron mucho el movimiento, lo que hizo que la necesidad de salir y moverse más aumentara, y esto se ha visto reflejado también en los adolescentes, que tras meses de clases online y sin la posibilidad de interrelacionarse con sus iguales excepto mediante una pantalla sienten la necesidad de vivir una experiencia intensa y diferente, como la movilidad internacional.

P.: ¿Qué países son los más solicitados por los estudiantes españoles?
R.: Son los mismos de siempre, y Estados Unidos, sobre todo. Ha habido una ligera subida de Irlanda y Canadá que compensa un poco el Brexit, que ha provocado que bajen las solicitudes a Reino Unido; de hecho, es muy llamativo el 20 % de Irlanda siendo un país pequeño, frente al 6 % de Gran Bretaña.

EE. UU., el país favorito para estudiar de los adolescentes españoles

P.: ¿Cuáles recomendáis vosotros y por qué?
R.: Yo no aconsejo un país por encima de otro, pues hay muchas variables a considerar y ningún caso se parece a otro. Influye la edad, ya que normalmente si son más pequeños prefieren estar más cerca; y luego hay muchos chicos y chicas que pueden tener TDAH, TEA u otro tipo de necesidades especiales, así que un programa más flexible como el de Estados Unidos o Canadá les puede ir bien a unos y a otros no.
En Irlanda normalmente si vas con una media de 7 vuelves más o menos con la misma media, y eso puede gustar a algunas familias que consideran que el nivel de exigencia del programa se asemeja al sistema español. Aunque en realidad el sistema español no se parece a ningún otro, pues aquí, dependiendo de la comunidad autónoma, puedes dar más o menos asignaturas, pudiendo alcanzar incluso las 13 materias por año en aquellas comunidades en las que se añade una tercera lengua. Mientras, en Canadá, por ejemplo, nunca dan más de 4 al mismo tiempo. Por su parte, el sistema inglés puede ser más complicado para alumnos españoles, ya que en 4.º de ESO hacen una especie de revalida, aunque lleves ya un año según la persona tal vez pueda resultar difícil superarla. Por eso, Inglaterra es más popular entre los de 1.º y 3.º de ESO, ya que a partir de 4.º se complica. Sobre todo, ahora, que con el Brexit se ha encarecido aún más. Igualmente hay muchas familias a las que les gusta la enseñanza inglesa; sus internados son los más populares en este sentido.
Por otro lado, hay diferencia de precios, y curiosamente un programa de EE. UU. es el más barato, ya que a partir de 10 000 € te puedes ir un año entero; Irlanda es más elevado siendo además de la Unión Europea; y Canadá y Gran Bretaña son los más caros. Esta diferencia de precios entre EE. UU. y el resto se debe a que en este programa peculiar del gobierno americano las familias de acogida que participan son voluntarias. Además, muchos niños eligen ir a EE. UU. por cultura televisiva, por el cine, y por muchas cosas que han escuchado o leído sobre el país, desde luego es un país muy atractivo para ellos.

P.: Comentas que EE. UU. tiene uno de los programas más baratos, ¿cuál es el país con el programa de movilidad más caro? ¿Qué cubren estas cuotas?
R.: Creo que podría ser Suiza, donde he visto unos internados cuya cuota anual alcanza los 120 000 €; diría que es lo más caro que he visto.
Generalmente, el precio cubre la educación en el colegio y el alojamiento. En un programa normal como el de EE. UU. los gastos personales corren a cargo de la familia. Los chicos no reciben ningún tipo de paga para comprar ropa o para ocio. En los programas de alta gama como los de Suiza ya te cubren todo lo que quieras.

P.: ¿Cuál es el perfil de las familias de los estudiantes que optan por la movilidad en la ESO o en Bachillerato?
R.: Hay de todo. Generalmente son familias de clase media, tenemos casos de gente que tal vez quiera gastarse mucho, pero normalmente son familias que tiran de créditos o del dinero de los abuelos. Son gente que piensa que el dinero invertido lo van a recuperar después multiplicado en el futuro, tanto a nivel académico como profesional. Y es que hacer un año académico fuera es como tener dos carreras prácticamente, no solo por el hecho de convertirse en una persona bilingüe, sino también por la capacidad de poder razonar y resolver problemas con dos mentalidades diferentes, y por la posibilidad de hacer contactos internacionales y amigos de muchas partes del mundo. El otro día veíamos que en uno de los colegios públicos de Vancouver (Canadá) que tiene 800 alumnos reciben cada año al menos 50 alumnos internacionales, de cualquier país. Además, es un año intenso lejos de la familia, lo que hace que se generen vínculos y amistades fuertes que pueden durar toda la vida.

«Hacer un año académico fuera es casi como tener dos carreras»

P.: ¿Cuáles son los principales motivos que llevan a una familia a enviar a su hijo o hija al extranjero a estudiar?
R.: Muchas veces el principal es la necesidad de dominar el inglés. Pero he de decir que la experiencia de madurez no tiene precio; estamos a junio y ahora están volviendo, y muchas familias que despidieron a un niño ahora reciben a un adulto. Cuando vuelven, en la mayoría de ocasiones los estudiantes nos dicen: «nos preparáis mucho para ir, pero no para volver». Las despedidas después de un año fuera son muy duras, porque esa despedida significa que difícilmente volverás a ver a toda esa gente reunida en el mismo lugar, pues cada persona vuelve a su país o región; dejas atrás tu año estadounidense, irlandés o británico, sabiendo que nunca lo volverás a vivir de la misma forma. A estos estudiantes incluso a veces les cuesta reintegrarse a la vida anterior, porque vuelven pensando que todo va a ser igual, pero ya no son la misma persona, por lo que el resto para ellas tampoco.

Cuando vuelven los estudiantes nos dicen: «nos preparáis mucho para ir, pero no para volver»

P.: ¿Qué debe tener en cuenta un estudiante o una familia a la hora de elegir destino?
R.: Lo normal es buscar el centro en función del estilo de vida que se desea llevar: rural o urbano. Luego, más que las asignaturas (pues son las mismas en todos los centros de una misma región), lo importante es fijarse en las actividades, ver si están aquellas que quiere realizar el niño o la niña.

P.: Lo más frecuente es hacer estancias cortas de un semestre o dos, pero ¿suele haber estudiantes que deciden cursar toda una etapa educativa en el extranjero, como Bachillerato, por ejemplo?
R.: No es algo muy español, normalmente aquí la gente se va solamente durante un año académico para vivir la experiencia internacional, pero no toda la etapa educativa. Eso es más propio de otros países, los asiáticos, sobre todo. En Europa en general se considera que en un año se cumple con los objetivos de ser bilingüe y de madurar. Además, en España el objetivo tampoco es estudiar en una universidad extranjera, como sí lo es en otros países.

P.: ¿Qué requisitos tienen que cumplir especialmente los menores de edad para estudiar en el extranjero?
R.: Cada país tiene sus normas. Hay algunos colegios que puede que te pidan una nota media, y otros que no, pero yo siempre digo que todo niño y niña tiene su destino. Hay también destinos de segunda oportunidad, gente que no funciona académicamente en el sistema español pero tal vez sí puedan encontrar un sistema en el que se logre subirles la moral, la autoestima y la autoconfianza que han perdido. En Europa no es complicado, solamente es cuestión de conseguir un buen asesoramiento y ver cada caso lo que requiere.

P.: Una vez terminada la movilidad, ¿qué se debe hacer al volver a España?
R.: Para todos los cursos a partir de 4.º de la ESO hay que hacer la convalidación, y luego además según el país de destino hay unos trámites de más o no. Sin embargo, hasta 3.º realmente no hace falta gran cosa, solamente presentar las notas.

P.: ¿Detectáis algún obstáculo o barrera que limite la movilidad por motivos académicos de los menores de edad en España?
R.: Se puede decir que hay dos barreras que pueden limitar la movilidad: una de carácter personal, en este caso no tener la inquietud de querer conocer un país nuevo ni el apoyo de otra familia; y otra de carácter más económico, pues hay familias que no se lo pueden permitir, aunque sea algo que deseen para sus hijos. Nos gustaría que esto pudiera ser más económico y accesible para todo el mundo, y que hubiera más becas o ayudas que incentivasen este tipo de movilidad.
Por otra parte, veo chicos a los cuales sus padres les dan esta oportunidad y la rechazan por no querer salir de la zona de confort, y a mí eso me da pena, pues es una oportunidad que muchos otros desearían tener. Hoy en día como mínimo hay que dominar un idioma extranjero, y si no lo trabajas desde la secundaria siempre irás cojeando de esta pata a medida que crezcas, pues una vez que ingresas en la universidad o la FP llegas con este déficit y vas por muy detrás del resto. La movilidad internacional es una muy buena oportunidad para evitar esto.

P.: Una posibilidad para reducir la burocracia podría ser optar por establecer convenios entre centros educativos españoles y extranjeros, ¿qué opinas de ello? ¿Sería algo factible?
R.: Es complejo, ya que según el país la educación pública depende de un organismo o de otro: por ejemplo, en EE. UU. y Canadá los colegios dependen del instituto escolar, que es el gobierno local o municipal; en Irlanda dependen del gobierno… por lo que es una cuestión que se debe negociar entre gobiernos. De todas formas, en la actualidad existe en España un convenio para poder convalidar aquí la formación académica del extranjero, y esto no lo tienen todos los países. En cuanto al ámbito privado es más sencillo, pues se basa en acuerdos entre colegios y todo depende de las directivas del propio centro.

By Khadija Ftah
Directora de redacción. Estudiante de doctorado en comunicación. Graduada en Periodismo especialidad en sociedad y cultura.

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