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Publicado: 2 febrero, 2018 In: Noticias

Fuente: www.eleconomista.es    |Ecoaula.es    30/01/2018 – 13:18

El 74% de las ofertas exigen hablar inglés como requisito indispensable.

En estos tiempos en los que los nacionalismos están usando tanto el término “inmersión lingüística” conviene recordar de qué se trata realmente la inmersión lingüística real: aquella que se experimenta cuando una persona viaja a otro país y tiene que desenvolverse en un entorno y una cultura completamente diferentes.

Todos los años se publican estudios sobre los idiomas y la calidad de la enseñanza en España y todos vienen a mostrar la misma realidad: los españoles no tenemos estamos a la cola de los países de la OCDE en lo que respecta a los idiomas. En concreto, según el último informe de Aseproce, la Asociación de Promotores de Cursos en el Extranjero que presido, solo el 20% considera que tiene un nivel alto leído, hablado y escrito. Podemos consolarnos pensando que nuestros vecinos franceses, italianos o griegos no están mucho mejor, pero lo que de verdad importa es poner remedio a este fracaso general que tantas oportunidades de trabajo le cuesta a nuestro país.

Citemos algunos datos para poner de relieve esta dramática situación: según el portal Infoempleo, el 74% de las ofertas cualificadas exigen hablar inglés como requisito imprescindible. Más: para el 94% de las empresas, el candidato “diez” debe poseer un nivel alto de inglés. Randstad, por su parte, destaca que hablar inglés incrementa un 44% las posibilidades de encontrar trabajo. Por último, la consultora Hays puntualiza que el dominio de un idioma, especialmente el inglés, puede elevar el salario de un ejecutivo hasta un 40%. Sin embargo, 7 de cada 10 españoles no lo hablan bien.

Estos datos ponen de manifiesto un problema al que veo una fácil y rápida solución: normalizar la inmersión lingüística. Esto es, el viaje de como mínimo un mes al país donde se habla la lengua que se quiere aprender de forma periódica. En nuestro último estudio, que presentaremos de forma oficial en el Salón de los Idiomas, hemos demostrado que los alumnos que se van fuera a estudiar, aunque solo sea tres semanas, adquieren un nivel equivalente al de alumnos que están todo un año yendo a la academia.

No solo eso. La estancia en otro país puede convertirse en una experiencia sumamente enriquecedora para el desarrollo personal de nuestros jóvenes. Porque, además del conocimiento, el hecho de vivir en otras culturas, con otras costumbres y otras formas de vida, le va a hacer más tolerante, le va a ayudar a tomar decisiones por sí mismo y va a incrementar notablemente su autonomía, responsabilidad y creatividad. Porque manejar varias lenguas despierta facultades de la inteligencia que, de otra forma, estarían dormidas. Al tener una mente más compleja, podemos realizar tareas más difíciles, nos volvemos más creativos, flexibles y podemos procesar pensamientos más complejos.

En conclusión, la enseñanza de idiomas debe dar un giro radical si queremos cambiar los nefastos resultados que está arrojando hasta la actualidad. Y ese cambio solo puede venir de la mano de un proyecto inmersivo del alumno, en el que entre en contacto de lleno con el idioma que quiere aprender, ya sea a través de series, lecturas o, idealmente, viajes al extranjero. Esto hará que los chavales tengan verdadero interés por la lengua, curiosidad por la vida más allá de sus propias fronteras y unas capacidades mentales que serán básicas para su futuro desempeño profesional.

Elaborado por Óscar Porras, presidente de Aseproce (Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero)

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