Clodoaldo Casaseca, internacionalmente conocido como Clodo, fue presidente de ASEPROCE desde 1996 hasta 1999. CEO y fundador de Sheffield Centre. Madrileño, inteligente, intuitivo y carismático, con una personalidad explosiva, es todo un referente en el sector.
Clodoaldo, nombre de origen germánico que significa “aquel que gobierna con gloria”. ¿Tus padres tenían grandes esperanzas puestas en ti?
Mis padres se desesperaban porque nunca fui un buen estudiante; de hecho, estuve en bastantes colegios. No obstante, un día llegó la hora de ponerse serio y mis padres estuvieron orgullosos de mi carrera profesional; al final les di la satisfacción que soñaban.
Formado en el CEU San Pablo de Madrid en la carrera de Marketing, ¿en qué tipo de empresa te imaginabas trabajando en un futuro?
En un principio quise ser piloto de aviación, pero por mi miopía lo descartaron. Estamos hablando de una época en la que no existía la operación de ojos. Así que pensé: “Tendré mi propia empresa”. Y así fue. He tenido bastantes negocios: unos bien, y otros muy bien.
¿Cómo llegas a fundar tu empresa en este sector?
En aquella época viajar a Londres era un verdadero lujo. Costaba cien mil pesetas cuando los sueldos eran de treinta mil. No existían los viajes para jóvenes y estos empezaban a surgir. Decidí crear mi agencia para facilitar viajes económicos a la gente joven, para poder viajar y conocer mundo. Ahí nació la idea de entrar en el sector.
Oxford y Cambridge suelen ser las ciudades más utilizadas del Reino Unido para utilizarlas como nombre. ¿Por qué la llamaste Sheffield Centre?
La idea fue de mi socio, que acababa de regresar de estudiar en Sheffield. Decidimos usar el nombre de la ciudad. No había internet, ni correo electrónico, ni SMS… todo se buscaba en las Páginas Amarillas. Y escribir “Sheffield” es complicadísimo. Nos llegaban cartas con “Sefil”. Pero lo decidimos así y lo mantenemos hasta hoy. Si hoy tuviera que empezar, no le pondría SHEFFIELD.
Ir al Sheffield de los años 80 debió de ser toda una experiencia con los sonoros conflictos contra Margaret Thatcher.
Sheffield fue una ciudad industrial muy importante y la reconversión fue durísima. Pasó de ser una ciudad muy contaminada a ser la más limpia de Inglaterra. Para combatir la polución se crearon muchos parques y jardines. Los altos hornos desaparecieron, pero los parques se quedaron. Era una ciudad abierta, segura y tranquila, con dos universidades muy potentes. La población estudiantil era enorme y eso ofrecía ventajas a los estudiantes españoles: descuentos, conciertos, eventos… Era una ciudad con mucha marcha.
Presidente de ASEPROCE desde 1996 hasta 1999. ¿Cuáles fueron los retos y los logros de aquella época?
Al día siguiente de ser elegido se dieron de baja cuatro empresas. Nos quedamos 22 asociados, creo recordar. El sector tenía una imagen pésima: había habido estafas importantes de empresas que cogieron el dinero y desaparecieron. Apostamos por prestigiar la marca ASEPROCE como garantía de empresa seria y solvente. Incorporamos organizaciones de prestigio, hicimos presentaciones en Barcelona y Madrid, y trabajamos para profesionalizar el sector y tener fuerza para negociar con las instituciones. Recuerdo la primera rueda de prensa: no sabíamos si vendría alguien y aparecieron varias televisiones, radios, agencias y periódicos. Empezamos a colaborar con embajadas, oficinas de turismo, a buscar patrocinios, acuerdos con aseguradoras, aerolíneas, recintos feriales… Fueron años complicados, pero sembraron el ASEPROCE que hoy conocemos. Dejé la asociación con más de 70 asociados.
Viviste 17 años de descanso de ASEPROCE, pero ahora estás de vuelta a casa.
Sí, efectivamente. Creo que ASEPROCE lo está haciendo muy bien y tenemos unos retos por delante muy complicados; sin duda, la unión y la fortaleza del sector son importantes para el futuro de todos. El sector está cambiando a pasos agigantados y además seguimos siendo un sector muy sensible a los acontecimientos exteriores e interiores. Debemos apostar por conseguir que viajar al extranjero sea algo imprescindible, y yo he vuelto con la ilusión de ayudar en lo necesario para que así sea.
También habéis invertido en colegios en Madrid. Parece que ahora mucha gente ha decidido imitaros.
Actualmente tenemos un colegio en Madrid, el Willoughby, un colegio boutique que tiene unos excelentes resultados, y en su día tuvimos el Internacional Aravaca, un colegio que se creó desde cero y lo dejamos como un colegio de primer nivel. Si fuera más joven tendríamos más colegios, pero un colegio necesita tiempo, 10 o 12 años, para conseguir prestigio y ahora mismo me sobran muchas cosas, menos tiempo. Los grandes fondos, tanto europeos como americanos, están haciendo fuertes inversiones en el sector educativo, tanto escolar como universitario, y hablamos de cantidades económicas muy importantes.
Nos ha pasado de todo, incluida una pandemia. ¿Solo los buenos resisten?
La pandemia fue criminal: dos años muy complicados, el primero desastroso y el segundo muy malo, pésimo. Mantener el empleo, las oficinas y los colegios fue muy complicado y, desde luego, supuso un esfuerzo enorme, económico y mental.
Parece que se avecina un nuevo orden mundial. ¿Cómo ves el futuro?
El futuro en nuestro sector es muy complicado. Las empresas se han volcado con el Año Escolar y, como siempre, empezamos con la guerra de precios y de descuentos; la situación se puede volver imposible. ¿Qué pasaría si Estados Unidos cancela el J1? Por eso muchas veces hay que tener cuidado y pasar desapercibidos, no hacer mucho ruido. Yo viví la situación cuando en España decidieron quitar la selectividad para los estudiantes en el extranjero: fue una catástrofe. Por eso me da miedo que algún iluminado —que tenemos muchos— vea que estudiar en el extranjero es un privilegio de ricos y decida que no convaliden… no lo quiero ni pensar.
¿Da más miedo las personas que dirigen el mundo que la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial es una excelente herramienta; ha venido para quedarse y desde luego es el futuro, nos guste o no. Yo recuerdo con 12 años cuando me regalaron una calculadora “Casio” con las cuatro reglas básicas; la gente decía que se nos atrofiaría el cerebro. Las personas que dirigen el mundo muchas veces dan miedo y en el mundo libre normalmente en unos años se van, aunque algunos vuelven… y madre mía.
Los “bocata time” (los vídeos sobre la comida que se hace cada viernes en la oficina que se han hecho virales). ¿Una de esas cosas que suceden por casualidad y que tienen una historia detrás?
El viernes, al finalizar la semana, empecé a invitar a un bocata de jamón como algo simpático y hacer un alto de una hora para juntarnos todos los departamentos. Se llevan haciendo casi 25 años, por lo menos. Cuando llegaron las redes sociales quise aprender y, como no sabía qué contar, empecé a grabar el “bocata time”. Lo que empezó como un experimento, ahí se ha quedado. Aunque no lo creas, la gente me para por la calle y se hace fotos conmigo. Acabo de regresar de Punta Cana y los camareros me pedían hacer con ellos un “bocata time”.
“No te fíes de nadie que no bebe vino” es una de tus frases favoritas.
Jajaja, sí, es una frase que no tiene maldad, aunque algunos la busquen. La frase viene por una chica que trabajaba conmigo que me dijo que ella nunca bebería vino y yo le dije que una persona que no bebe vino no es de fiar. Lo dije de broma y ahí se quedó.
Español, por supuesto.
Claro. Hay que fomentar los productos locales y en España tenemos muy buen vino. Por mi trabajo he visitado muchos países y regiones, y el vino español es excelente. Soy un gran aficionado; incluso tuve una bodega con unos amigos. Pero el vino era tan malo que los 150 litros que me correspondían los donaba para las fiestas del pueblo.
Llevas 39 años en el sector. ¿Hasta cuándo?
Este año cumplo 64 y estoy muy cómodo trabajando. Sigo haciendo mis visitas, mis comidas de trabajo… De momento no he pensado en retirarme. Pero nunca se sabe. Todo tiene un fin, aunque no tengo fecha.
Entrevista realizada por Pablo Martínez de Velasco Astray, Presidente de ASEPROCE


