Cuando entré en la Asociación, hace ya 18 años, lo hice pensando que era una buena decisión para el crecimiento de mi empresa. Creía que me ayudaría a generar más negocio.
Hoy, después de todo este tiempo, sé que lo que verdaderamente me ha aportado ASEPROCE es algo mucho más valioso: seguridad, tranquilidad y sentido de pertenencia.
Somos autodidactas; no tenemos amigos de toda la vida que se dediquen a esta profesión —una profesión para la que no existe una escuela—. Aquí hemos aprendido unos de otros, compartiendo experiencias, dudas y aciertos, y eso nos ha ayudado a tomar mejores decisiones, no solo como empresarios, sino también para el futuro de muchos miles de jóvenes que tendrán una vida personal, académica y profesional que nos enriquecerá a todos como sociedad.
Como grupo, hemos pasado por momentos muy difíciles: guerras, pandemias, cambios políticos impensables y crisis económicas que han cambiado el mundo. Afrontar todo eso habría sido imposible sin vuestro apoyo, sin vuestros consejos y, sobre todo, sin vuestra forma de escuchar, incluso cuando no había respuestas claras.
Pero también ha habido muchísimos momentos buenos. Hemos recorrido el mundo juntos, conocido a personas de todos los rincones, reído mucho —muchísimo— y también llorado cuando algunos compañeros nos han dejado y ahora nos cuidan desde el cielo de ASEPROCE.
Esta semana dejaré de ser presidente de nuestra Asociación, después de 15 años ocupando distintos cargos dentro del Comité Directivo, a los que he entregado, con humildad, lo mejor que he sabido dar.
Me voy feliz por lo vivido y agradecido por todo lo aprendido.
Pero lo que realmente me permite dormir tranquilo es saber que, la semana siguiente, seguiré siendo parte de ASEPROCE.


